Historia Vocacional

Soy el P. Pedro Antonio Arceo Luna, de la Diócesis de Aguascalientes. Nací en la ciudad de Aguascalientes, Ags., el 10 de noviembre de 1989 en una familia católica compuesta por mis padres, el Sr. Salvador Arceo Haro y la Sra. Ana María Luna Vela, así como de mis cuatro hermanos, de los cuales soy el cuarto de los cinco hijos.

Desde pequeño fui educado en un ambiente de fe; mi padre fue Ministro de la Eucaristía y participa hasta hoy, del coro de la parroquia; mi madre ha sido catequista toda su vida, y actualmente es Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. El ejemplo de mis padres y las bases de fe que pusieron en mí, me fueron llevando a descubrir el camino que Dios tenía para mí.

Ciertamente el llamado vocacional lo escuché fuertemente cuando tenía 14 años, cuando estaba por cursar el tercer año de la Secundaria. Entonces participaba del grupo de lectores de catequesis infantil en mi comunidad. Un día, un seminarista me regaló un folleto con los datos del seminario, en el que se explicaba, a grandes rasgos, la formación sacerdotal y el llamado de Dios. Al principio no le di importancia. Tiempo después, buscando algunos papeles en casa, encontré aquel folleto y lo leí con detenimiento. De repente algo dentro de mi me decía que eso era lo mío, que todo aquello era para mí; escuché unas voz en mi interior que me decía “¿y por qué no?”. Con esta inquietud, empecé a acercarme más a mi parroquia, participando del Coro, del Grupo de jóvenes, de la catequesis infantil, del grupo de monaguillos. Buscaba respuesta a mi inquietud, aunque sólo el Seminario me dio la paz que necesitaba.

Con la ayuda de aquel seminarista conocí el Seminario Diocesano y al promotor vocacional; con el apoyo de mis padres pude llegar por fin un día al preseminario, en el que fui aceptado. Ingresé al Seminario Menor a mis 15 años de edad.

Con la gracia y la misericordia de Dios fui ordenado Sacerdote el 4 de junio de 2017, Solemnidad de Pentecostés, junto con ocho hermanos sacerdotes.

Actualmente desempeño mi ministerio sacerdotal como vicario en la parroquia del Espíritu Santo, en la ciudad de Aguascalientes; es una comunidad de 11,000 habitantes, con aproximadamente 3,000 familias. Es una comunidad compuesta por personas de diferente nivel socioeconómico: tenemos familias con nivel medio-alto, medio-bajo y bajo. Entre estas personas destacan los profesionistas que se dedican a la educación y, en contraparte, alguna colonia donde sobresale el alcoholismo y la drogadicción.

La pastoral en la parroquia es muy organizada y muy rica, ya que se cuenta con todas las pastorales fundamentales y las diversificadas; se procura realizar todo en comunión entre los sacerdotes y los fieles. Además de la celebración de los sacramentos,  procuro dar seguimiento a la pastoral Litúrgica, profética, vocacional,  juvenil y de adolescentes, así como atender el Hospital que se encuentra dentro del territorio parroquial.

Desde mayo del año pasado el Señor Obispo me ha invitado a trabajar en la Curia Diocesana, auxiliando en sus labores al Secretario Canciller. Trabajo sencillo y discreto que procuro desempeñar de acuerdo a las exigencias y necesidades de la Diócesis.

En marzo de este año el Señor Obispo me comunicó su intención de enviarme a estudiar fuera del país. Al principio le expresé mi disposición para realizar lo que él me mandara, en virtud de la Obediencia que le había prometido. Con sinceridad de le expresé mi temor de tener que aprender otro idioma al estudiar fuera del país, a lo que él me animó a superar mis temores. Poco después me confirmó que iría a estudiar a la ciudad de Roma la Licenciatura en Teología Moral. Con temor y temblor le reafirmé mi disposición.

Posiblemente a mi regreso, apoye en un proyecto Diocesano para aplicar lo estudiado; cabe también la posibilidad de impartir clases en el Seminario Diocesano en lo que se refiera a Teología Moral.

Yo espero que, a mi retorno, pueda servir de mejor manera a la Iglesia, sobre todo aplicando los conocimientos que adquiera en Teología Moral; incluso ahondar en temas de Bioética y promoción de la Dignidad de la persona Humana.

Por último, me gustaría compartir una anécdota; si bien, en estos dos años de ministerio no ha pasado mucho, creo que sí hay experiencias llenas de Dios dignas de compartir. Sucede que cada jueves hago la visita al hospital para auxiliar a los enfermos con los sacramentos de la Reconciliación y Unción; en ocasiones me llaman para ver enfermos graves. Un sábado, teniendo pocos días en la Parroquia, me llamaron para auxiliar a una mujer que estaba agonizando. Rápidamente me dirigí al hospital. Al llegar a la camilla donde estaba la paciente, me encontré con una escena triste: aquella persona estaba muriendo y su acompañante estaba convertida en un mar de lágrimas. Traté de tranquilizar a la otra persona y la invité a orar conmigo. Procedí al rito de la unción de los enfermos y, al concluirlo, la enferma murió. Continué orando las recomendaciones del alma hasta llegar al réquiem. Al finalizar, traté de confortar a la mujer que acompañaba a su familiar enferma, ahora en manos de Dios. Me fui de ahí algo pensativo y, sobre todo, con sentimientos encontrados: era la primera ocasión que, como sacerdote, veía morir a alguien. Mientras pensaba estas cosas, llegó la luz del Espíritu Santo a mí, y pensé: “le he dado a esta mujer su boleto directo para el cielo”. Este pensamiento me reconfortó, y pude constatar como Dios, a través de mi Ministerio Sacerdotal, daba el cielo a aquella persona. Esta idea me reconfortó mucho y me sentí fuertemente agradecido con Dios, que se vale de instrumentos de barro para administrar misericordiosamente su gracia. Al final, sólo elevé una oración por aquella mujer y le agradecí a Dios tan gran don para mis hermanos a través de mi persona.