Soy José Emmanuel González Loza, pertenezco a la Arquidiócesis de Guadalajara. Nací en la Ciudad de la Barca, Jalisco, un 24 de Febrero de 1986.

Actualmente desempeño mi ministerio sacerdotal, en el Seminario Auxiliar de La Barca, como padre espiritual; acompañando a los adolescentes en un proceso de discernimiento vocacional, para ver si Dios los llama como me llamó algún día a mí.

 Todo comenzó a la edad de 6 años cuando asistía a misa en unas fiestas patronales a la parroquia a la cual pertenezco: El Señor de la Divina Misericordia y al ver un crucifijo experimenté el llamado a la vocación sacerdotal. Pertenezco a una familia católica, con principios y valores cristianos y siento que eso también me ayudó a estar cerca de Dios. Cuando asistí a esa celebración, recuerdo que era la fiesta del Domingo de la Misericordia, al ver el crucifijo, sentía que Él me miraba y el suave viento que tocaba mis mejillas, experimentaba el amor de Dios hacia mí, aunque el testimonio de los sacerdotes que atendían mi parroquia me motivaba a seguir su ejemplo porque veía que eran personas muy alegres y llenas de Dios.

A esa edad de 6 años, decía que quería ser sacerdote, pero no me creían porque estaba muy chico y todavía no podía tomar una decisión por mí mismo, dejé pasar el tiempo entre a la secundaria y se apago un poco el llamado que sentía, por la novia y otras cosas más.

Seguí estudiando y al entrar a la preparatoria, todo iba muy bien hasta que faltaba un semestre para terminar la preparatoria, pensé en tomar una decisión para ingresar a una carrera, y allí vinieron muchas preguntas a mi vida. ¿Qué va hacer de ti?, ¿Qué estás buscando?, ¿En realidad quieres formar una familia?, muchas preguntas surgieron y una espina se clavó muy profundo en mi corazón, toqué fondo como decimos los Mexicanos…

Nuevamente surgió con más insistencia el llamado de Dios y no me animaba ya a decir esto a mis padres, hasta que un día pasé por una parroquia cerca de donde estudiaba, entré allí, ya se me había olvidado cómo rezar, me arrodillé y le dije al Señor Jesús Sacramentado, ponme las palabras correctas en mi boca, para decirle esto a mis papás porque no me animo a decirlo.

Recuerdo que ese día terminé de presentar los últimos exámenes semestrales, iba a la preparatoria por la tarde, cuando llego a casa eran las 20:30hrs, mamá estaba preparando la cena, papá acababa de llegar y 2 hermanos estaban sentados en la mesa, aproveché la ocasión de decirles en ese momento y cuando les dije: mamá, papá, hermanos, quiero decirles algo. No elegiré ninguna carrera, quiero ser sacerdote y entraré al seminario. Un silencio total ocurrió, parecía que les había puesto un hielo en la espalda, de lo sorprendido que se quedaron.

Después de un momento de silencia, mamá dijo: “Pero hijo, ya vas a ir a la Universidad, porque has tomado esta decisión ahora”. Mamá siguió diciendo, pues yo no te apoyaré porque somos de escasos recursos y para ello se gasta mucho. Papá callado y no dijo nada. En casa somos 8 integrantes con papá y mamá, 3 hermanos y 3 hermanas, yo ocupo el número 5, una hermana de las que se encontraba en la mesa es más grande que yo y decía: “si eso es lo que quiere hay que apoyarlo”.

Al ver la necesidad en casa y no ver el apoyo de los papás les dije: dejaré un año sin estudiar nada, me pondré a trabajar para costearme todos los gastos del seminario, no les voy a pedir nada para si no me llega a gustar el seminario y si me llegará a salir, no digan después que por mi culpa los hice gastar.

En ese año trabajé vendiendo fruta, puse mi propio negocio, me iba muy bien, ya faltaban 2 meses para hacer un “preseminario”, es una experiencia que se tiene de una semana para quedarse interno en el seminario y vivir como si ya fuera seminarista.

Caí muy enfermo, los médicos no sabían lo que tenia, mis ahorros se fueron en medicamentos, exámenes de sangre, electrocardiogramas, etc. Creía que estaba enfermo del corazón, pero gracias a Dios no fue así, caí en cama y no me podía levantar, ni mover, todo me daba vueltas, yo pensando en medio de mi enfermedad si me iba a ir al seminario o no. Un día llegó a casa un señor que nos dejaba un periódico llamado “Semanario”, una fuente de información de la Arquidiócesis de Guadalajara y en él, venía una imagen de la virgen de Zapopán, no la conocía porque en la región de La Barca, Jalisco, la advocación es a la Virgen de San Juan de los Lagos.

Le pedí a ella que si me curaba, entrara al seminario y me consagraría a ella. Algo sorprendente pasó en mi vida, poco a poco experimenté el alivio en mi cuerpo y en mi alma. Faltaban unas semanas para ingresar al preseminario y a partir de allí tomar una decisión definitiva para mi vida, puesto que ya era mayor de edad, porque había cumplido los 18 años.

Ya tenía toda la información de los requisitos y trámites para ingresar al preseminario. Para poner a prueba a mis papás haber si me iban a apoyar les dije: la siguiente semana, era 04 de julio de 2005 me iré al seminario pero me hace falta información, si ustedes me quieren apoyar investíguenme ¿Qué se necesita para entrar al seminario?
Ese mismo día le acababa de decir a mis papás por la mañana y papá llegando de su trabajo me dice: “hijo, un seminarista me dio este volante, aquí viene toda la información que se necesita”.

Dentro de mí dije: Señor muchas gracias porque cambiaste el corazón de mis papás en este año y esto es una prueba de que si me apoyaran. Se llegó el momento de entrar al preseminario, invité a mis papás a que me acompañaran y pagué todos sus gastos, así como había pensando. Al llegar al seminario estaba muy contento y agradecido con Dios por esa experiencia, llegó el momento de despedirme de mis papás y les dije: al terminar el preseminario quiero que vengan por mí para que sepan la respuesta, después de esta experiencia.

Ellos aceptaron, esa semana de preseminario fue increíble, maravillosa para mí. Se llegó el momento de que los maestros entregaran los resultados para haber si habíamos sido admitidos. Cuando el maestro; era un seminarista de Teología me entrega el resultado en una carta, les dije a mis papás: ustedes ábranla. Antes de abrirla mis papás al mismo tiempo dijeron: “hijo, míranos a los ojos, yo les miré como me lo pidieron. ¿Esto es lo que tú quieres?
Yo les respondí: papás esto es lo que estaba buscando, esto es lo que me hace feliz. Desde ese momento mis papás me dijeron: “hijo, a partir de este momento cuentas con nuestro apoyo para todo lo que decidas”. Abrieron la carta y fui aceptado a formar parte de los estudios del seminario. Llegaron momentos difíciles, pero en su mayoría muy agradables e inolvidables momentos, y gracias a Dios que me dio la oportunidad de responder a este llamado, el cual no me arrepiento. He sido muy feliz con este regalo que Dios me dio: el sacerdocio y quiero seguir respondiendo a mi vocación. Si muriera y volviera a vivir seguiría eligiendo este camino.

Ahora que me encuentro de sacerdote, tengo 5 años de haber sido ordenado, dos años estuve en la parroquia de Santa Faustina Kowalska en Zapopán y 3 años en el seminario, formando a los futuros sacerdotes según el corazón de Cristo.

Hoy en nuestros días es difícil que más jóvenes quieran consagrar su vida a Cristo, pero Él es el dueño de la mies y no nos dejará sin vocaciones, los tiempos van cambiando, la manera de pensar de los jóvenes y las familias, pero en medio de esta crisis  a la falta de vocaciones, Dios sigue llamando y el hombre que sigue respondiendo.
Es para mí una gran responsabilidad a formar no sólo a los futuros sacerdotes, más bien formar jóvenes en valores, virtudes, conciencia, para que si no logran ser sacerdotes, al menos sean buenos ciudadanos o buenos padres de familia o profesionistas.

Dios quiera que inicie esta aventura y con la gracia de Dios la pueda terminar, al regresar de Roma, creo que tendré más herramientas de trabajo y una visión un poco más grande de las necesidades de nuestra Iglesia Católica, para poner en práctica lo que he de aprender.

Cuando mi Obispo me llamó para darme la noticia de qué había sido seleccionado para ir a estudiar, no lo podía creer, esto para mí es un gran regalo que no merezco y que sigo asimilando, quiero seguir aprendiendo y poner en práctica lo que Dios me quiera regalar para seguirlo compartiendo, ahora tendré muchas expectativas sobre todo el seguir dando lo mejor de mí, así como lo he estado en Obediencia de mi Obispo para la Mayor Gloria de Dios.

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