“Historia Vocacional”

Mi nombre es Francisco Javier Salazar Sandoval, yo nací el 02 de noviembre de 1984 en Vicente Camalote, Municipio de Acatlán de Pérez Figueroa, Oaxaca, México y perteneciente a la Diócesis de Tuxtepec. Mis padres son Francisco Javier Salazar Sandoval y Amalia Piedad Sandoval Díaz. Mis hermanos son Anel (39 años). Carlos (37 años), yo tengo (35 años) y Álvaro (30 años).  Mi padre tiene como oficio la sastrería, confecciona ropa y mi madre ha sido vendedora de diversos productos. Yo crecí en mi comunidad, me bautizaron en la Parroquia San Vicente de Paúl. Cursé el preescolar cerca de mi casa durante 3 años, después asistí a la escuela primaria “Benito Juárez” (durante dos años) después fui trasladado a la escuela “Justo Sierra Méndez” ubicada a 1 km 1/2 de mi casa, para lo que tenía que caminar o montar en bicicleta. Desde entonces mi padre decía que tenía que esforzarme, levantarme temprano para no volverme perezoso. Durante esta etapa también me preparé para recibir el sacramento de la Eucaristía, del cual tengo un grato recuerdo que no consigo entender del todo, me preparé durante dos años (en ese tiempo era solo uno), pues mis padres decían que no había dinero para celebrar la fiesta, a lo que yo respondí que yo solo quería recibir el sacramento, que no quería fiesta. También formé parte del grupo de monaguillos, el coro y desde que tengo conciencia no faltamos ni un domingo a Misa y a las fiestas. En este periodo mi padre salió a trabajar al extranjero como indocumentado en dos etapas de 1 año y medio aproximadamente, mi madre permaneció con nosotros. Yo me percibo aquí, inquieto, atrevido, también acomplejado ya que empecé a padecer estrabismo en mis ojos a temprana edad, lo cual fue difícil de superar durante mucho tiempo debido al acoso escolar, sentía que no me aceptaban, que a las niñas no les gustaba y muchas veces me reprimía sentimientos por miedo.

La siguiente etapa fue la educación secundaria, ahora tenía que trasladarme a otra comunidad, empecé a levantarme a las 5:00 a.m. desayunaba a las 5:30 y a las 6:00 subía al autobús para viajar alrededor de 40 minutos y llegar a la Escuela Secundaria General Ignacio de la Llave, Tezonapa Veracruz. Éramos una familia de escasos recursos, pero siempre gozamos de lo indispensable, por tal motivo solo tenía dinero para el transporte público y regresaba a comer a casa. En casa ya había aprendido un poco el oficio de mi padre y comencé a colaborar en su trabajo. Mi padre imprimió gran parte de mi carácter y personalidad, no le gustaba que desaprovechara el tiempo y me mantenía casi siempre ocupado en el trabajo, solo me permitía resolver tarea o estudiar después de haber trabajado, por lo que tenía que esforzarme en la noche para estudiar. El aprovechamiento escolar en la primaria había sido bueno y en la secundaria no me apliqué tanto, porque comencé a ser bastante inquieto, me gustaba bromear mucho y a veces muy pesado, llegué a tener conflictos con algunos compañeros por ese motivo.

En este periodo comenzó a despertarse mi inquietud por la vocación sacerdotal. Considero que desde un principio fue algo muy especial, recuerdo la figura de los párrocos de mi comunidad, las travesías por las comunidades, me agradaba mucho cantar en el coro (el cual dirigía mi papá), salmodiar, reunirme con los monaguillos. Aquí descubrí también mi cualidad para cantar y actuar. Me percibo por tanto lleno de vida, deseos de descubrir muchas cosas, de explotar mis cualidades, rebelde y con enojo, pero empezaba a tomar gusto por muchas cosas de la vida.

Nuevamente llegó el momento de continuar los estudios, yo percibía que a mi padre no le gustaba que hiciéramos muchos amigos, pensaba que nos podían desviar del estudio, y decidió cambiarme de localidad para cursar la Etapa del Bachillerato en el año de 1999 al 2002 en la Ciudad de Tierra Blanca, Veracruz. Tomé por especialidad lo administrativo-contable. No estudiaba mucho pero no reprobé materia alguna, siento que no exploté mi capacidad de aprendizaje. Me sentía bien de lograr más amigos, las compañeras veían mi timidez y me acosaban. Fue en el término del segundo año cuando me invitaron a realizar un preseminario, asistí durante 15 días al primer preseminario de mi Diócesis (Tuxtepec), tengo fresco el recuerdo de querer llegar al lugar y vivir la experiencia. Veía a los sacerdotes y los admiraba, el lugar era pequeño para la cantidad de participantes, lo cual ocasionaba varias incomodidades. Para mí fue fascinante, y cuando me preguntaron si deseaba integrarme respondí que sí, pero no contaba con la negativa de mi padre. Cuando pedí su permiso, me dijo “no”, termina de estudiar donde estás y después ya puedes ingresar al Seminario. No comprendí por qué no me dejó ir, si yo pensaba, le estoy pidiendo algo bueno. Sin más que hacer ingresé al último año del Bachillerato, disfruté mucho ese año, me sentía lleno de ilusiones, tenía en mente estudiar Administración de Empresas si no lograba ir al Seminario. Al final del curso estaba confundido, quería estudiar la Universidad, tener una novia, formar una familia, me sentía enamorado y poco a poco fui desechando la idea de ir al seminario, me agradaba el ambiente escolar. Pero por otro lado estaba en pie la propuesta de ir al seminario, dejé que los días pasaran y no presenté examen de Admisión, me sentía desorientado.  

Anteriormente había hecho el compromiso de asistir al preseminario en verano del 2012, sin motivación y por cumplir, asistí. Estaba, pero sin alegría, veía a muchos jugar, disfrutar y en mi mente solo tenía el deseo de regresar a casa y olvidarme del sacerdocio. Recuerdo que uno de los temas el Padre Luis Gabriel Romero, promotor vocacional. Explicaba las distintas vocaciones en las que nos podíamos realizar, hablaba de la soltería, del matrimonio y la vida consagrada. Al terminar el preseminario me entrevisté con el padre, al quién le hice una pregunta, ¿Puede una persona ser igualmente feliz en cualquiera de las vocaciones que nos explicó? Y me dijo claro, puede uno serlo, solo hay que encontrar cuál es la suya. A lo que yo respondí pues entonces ya no voy a regresar, me había decidido según sentía en ese momento, a hacer una vida profesional y familiar. Regresé contento a casa y manifesté mi decisión de no regresar al seminario, mi padre me dijo que no había inconveniente. Pero lo misterioso era que por dentro sentía una gran tristeza y consternación, yo no entendía el porqué. Mi madre me encontró llorando en una ocasión en esa misma semana, me preguntó que pasaba conmigo, yo le dije que no sabía, y esa tristeza no me abandonaba, sentía como si lo que había soñado tanto tiempo ahora solo lo estaba dejando ir. Tocó el turno de la Misa dominical y cuando el padre proclamaba el Evangelio no olvidaré aquel versículo de Mt 14, 31 “Hombre de poca fe, porqué dudaste”, tales palabras me recordaron mí deseo de ser sacerdote y que ya había olvidado por un ambiente al que me había apegado en el bachillerato. Aquella noche lloré, pero de emoción, me sentía en paz, tranquilo y había tomado una decisión, ingresar al seminario. Al día siguiente comuniqué a mi papá tal decisión. En agosto del año 2002 fui aceptado en el Seminario Conciliar de “San Rafael Arcángel”, de la Diócesis de Huajuapan de León Oax. Debo mencionar que estaba muy deseoso de comenzar a estudiar, de explotar todas mis cualidades, y así lo hice desde el primer minuto, nunca me había sentido tan libre, aunque estuviera internado, me gustaba madrugar ser el primero en la capilla, llegar antes para disponerme a la oración. Era parte del coro, la rondalla, actuaba en las pastorelas, obras teatrales y revistas musicales, formaba parte de la selección de futbol, me gustaba entrenar, estudiar, trabajar, orar, me exigía mucho, era muy disciplinado, pronto empecé a tener buenas notas en los estudios, no me gustaba perder el tiempo, solo tenía en mente vivir al máximo aquella experiencia que amé desde el primer momento. Todo lo que era estudio me gustaba, tuve buenas referencias al terminar el Curso Introductorio, la etapa de Filosofía fue muy agradable para mí, aunque estuvo marcada por dos sucesos, uno de ellos tuvo que ver con mi Madre. Casi al término del tercer año de filosofía un familiar me visitó para preguntar si no estaba mi madre conmigo, la cual era una pregunta muy desconcertante y la noticia fue, tu madre se ha ido de la casa. Aun lo escribo con tristeza y ganas de llorar, la relación de mamá y papá había estado marcada de maltratos por parte de papá y poca tolerancia, mi madre fue muy trabajadora pero poco cariñosa con nosotros, no recuerdo sus abrazos o palabras de ternura. Llegó el día que se cansó y después de engañar a mi papá con otra persona, se fue para no volver. Entré un poco en crisis, sentía tristeza llegar y estar en casa, no lo pude superar en ese momento, para mí se había perdido toda referencia de mi familia si ya no estaba mamá, aunque papá hubiese permanecido. Yo pensé, ya nunca será lo mismo.

En el verano tuvimos gran desempeño pastoral con unos jóvenes de mi comunidad al ensayarlos para una revista musical llamada “El Rey David”, lo cual fue también algo que me impulsó a seguir. El otro suceso fue la corrección del estrabismo que había sufrido por años, lo cual levantó mi autoestima y me hizo crecer mucho más. En la etapa teológica estuve emocionado con los estudios, y con momentos de crisis, pero más de alegría culminé los estudios. Terminada la etapa del seminario regresé a mi Diócesis. El Sr. Obispo José Antonio Fernández Hurtado (II Obispo de la Diócesis de Tuxtepec) me encomendó trabajar en el seminario menor, como auxiliar de disciplina y economía. En el año 2010 recibí lo ministerios del lectorado y acolitado mientras desempeñaba el servicio de la formación. El 16 de abril del 2011 recibí el Orden del Diaconado en el seminario menor Diocesano de Loma Bonita Oax. Por imposición de Manos de Mons. José Antonio Fernández Hurtado. Me sentía entre el deseo de servir con todas mis fuerzas y la carga cada vez más pesada. El día de mi ordenación lo disfruté mucho y agradecí a Dios a pesar de las circunstancias por el don recibido. Continué trabajando con mucho empeño, me encargaba también de procesos vocacionales de jóvenes que querían ingresar al seminario y de los preseminarios. Finalmente recibí el orden sacerdotal el 03 de diciembre de 2011 junto con otros cinco compañeros (actualmente 8 años de sacerdote). Para este día me sentía comprometido pero cansado por la situación ya que del tiempo que llevaba trabajando, no recibía ningún incentivo económico durante varios meses, a pesar de preguntar motivos eran confusas las respuestas. No tuve apoyo de sacerdotes como mi párroco y el vicario que trabajaban en mi comunidad. Mi primera Misa fue algo bastante triste, las personas no asistieron, ya que lo sacerdotes me difamaron ante las comunidades y no invitaron, me sentí solo y decepcionado. Así empecé el ministerio.  Todo cambió cuando me nombraron formador en el “Seminario Mayor San José”, en la Diócesis vecina de Veracruz. Aquí encontré una mentalidad diferente, buena recepción, apoyo y confianza de la comunidad sacerdotal, volví a crecer y a desarrollar mis capacidades y cualidades.

Fui nombrado Director Espiritual para la Etapa de Filosofía durante 3 años y medio. Después, Director Espiritual en la Etapa Teológica durante 2 años y medio. También desempeñé el servicio de secretario del Seminario e impartí materias como Catecismo de la Iglesia Católica, Introducción a la Teología y Método Teológico. Teología Espiritual Fundamental, Sacramentos de la Reconciliación y Unción de los Enfermos. Cada año en semana santa atendía espiritualmente una comunidad religiosa y en verano misionaba con los seminaristas. Así viví 7 años en la formación en los cuales me reencontré con el ideal sacerdotal, la fraternidad, la amistad y la comunión sacerdotal. Estoy muy agradecido con mis compañeros de Equipo y quisiera compartir esa experiencia de vivir el Sacerdocio.
Desde el 7 de agosto del año pasado fui nombrado Párroco en la comunidad del Sagrado Corazón de Loma Bonita Oax. Aquí estoy desarrollando y comprendiendo otros campos de la vida sacerdotal, me siento feliz de mi trabajo y también muy comprometido. Los proyectos que pensaba en el seminario ahora los veo realizados. La comunidad cuenta con 5 congregaciones cercanas y una un poco distante, en total atiendo 6 comunidades y la cabecera parroquial. Dentro de las actividades ordinarias que llevo a cabo son; preparación de catecúmenos, catequesis presacramentales, atención a diversos sectores del Movimiento Familiar cristiano, celebraciones eucarísticas en las comunidades y en fin de semana y diariamente en la cabecera parroquial, la catequesis y propagación de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús (primer viernes de mes hay oración durante todo el día con el Santísimo Sacramento y al mismo tiempo confesiones, catequesis y Misa solemne), también he realizado visiteos domiciliarios en todas las comunidades para invitar a unirnos como comunidad y conocer la realidad acerca de la fe en las familias, impartí clases en el Centro de Formación Teológico Pastoral para Laicos y atención de los grupos parroquiales. He notado que la formación nos cambia y eso ayuda a tener comunidades más firmes en su fe, pero nos hace falta más dedicación y recursos par realizar ese ideal.
Por otro lado estoy a cargo de la casa del seminario, la cual está vacía por falta de vocaciones, estoy muy entusiasmado de que un día vuelva a funcionar, ahora trabajamos con un equipo de Laicos en su mantenimiento y restauración, también siembra y cultivo del campo con el que contamos. Mi Diócesis cuenta con poco más de 40 años de fundación, somos alrededor de 50 entre Diocesanos y Misioneros de la Natividad de María, 29 parroquias y 3 cuasi parroquias, de las cuales un 40 % son de culturas y lenguas distintas al español, con su propia idiosincrasia y costumbres. Solo 4 sacerdotes han hecho especialidad. A diferencia de la Diócesis de Veracruz pienso que no hemos crecido en comunión, hay una mentalidad cerrada al crecimiento, no hay apoyo para el seminario, y desmotivación de la vida sacerdotal.

El Sr. Obispo José Alberto González Juárez me ha pedido continuar mi formación especializándome en la Formación Sacerdotal en orden a 3 proyectos: en primer lugar, el crecimiento personal-sacerdotal, la reapertura del Seminario Diocesano y la Formación Permanente del Clero. Con mucha humildad, alegría y deseo de servir he tomado esta propuesta. Agradezco a Dios y a todos los que están haciendo posible realizar dichos estudios, los cuales creo pueden aportar mucho al crecimiento de nuestra comunidad sacerdotal y el fomento de las vocaciones sacerdotales. Pido a Dios por ustedes y sus familias y que nuestra Madre Santísima la Virgen de Guadalupe los proteja siempre.


Atentamente


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Pbro. Francisco Javier Salazar Sandoval

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Víctor Manuel Vega Ortega
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