HISTORIA VOCACIONAL
Pbro. Lic. Alejandro de Jesús Álvarez Gallegos

Soy el Pbro. Alejandro de Jesús Álvarez Gallegos, nací el 3 de noviembre de 1974, en la ciudad de Mérida, Yucatán. Soy el mayor de tres hijos de mis padres Luís Alonso Álvarez Monsreal y Nelda Rosa de Fátima Gallegos Ávila, mis hermanas se llaman Roxana y Marissa.

Pertenezco a la Arquidiócesis de Yucatán desde que fui ordenado diácono transitorio el 30 de junio de 2005, y posteriormente Presbítero el 4 de noviembre de ese mismo año. Este mismo año 2020 celebraré -Dios mediante-, 15 años de ministerio sacerdotal.

Actualmente soy párroco de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, profesor en el Seminario Conciliar, Canciller Secretario de la Arquidiócesis y hasta hace tres meses coordinaba la dimensión diocesana de la pastoral de la salud a nivel diocesano y provincial.

Mi historia vocacional inicia desde que tengo uso de conciencia, pues desde mi niñez veía con que disponibilidad y prontitud, mis papás me llevaban a misa los domingos y me inculcaban las oraciones para rezar antes de dormir. Mis abuelos también ayudaron mucho en esto.
En la adolescencia me integré a los grupos de pastoral juvenil de mi parroquia y desde ahí sentía que mi servicio a Dios y a mis hermanos daba fruto. Me sentía muy completo, feliz, en la generosidad de darme a los demás.

Poco a poco se reforzaba la idea de servir a Dios con la convicción de servir también a mis hermanos. Pero aún no tenía la inquietud vocacional hacia el ministerio ordenado.
Fue hasta en la etapa de la preparatoria cuando ingresé a un grupo de jóvenes líderes cristianos, en donde comenzaba a reforzarme en la convicción de ser totalmente para Cristo.
Como cualquier joven yo pensaba en ingresar a la universidad y estudiar una carrera, concretamente administración de empresas. Pero después de la preparatoria, entonces empecé a discernir y a orar, a preguntar que es lo que Dios quería de mí. Fueron semanas muy intensas, de mucha oración, y fue precisamente en la oración en donde me hice la pregunta, ¿Por qué no ser sacerdote?, me respondía que era algo que podía considerarlo, discernirlo, y fui a pedir una cita con el vicario parroquial. Ahí le comenté de mi inquietud, él ya me conocía desde hace mucho por mi participación en los grupos juveniles y después de escucharme me invitó a la experiencia de los círculos vocacionales que se realizaban en el Seminario una vez al mes.
La visita que en agosto de 1993 realizó san Juan Pablo II a Yucatán, fue también una motivación vocacional muy fuerte.

Conforme iba avanzando en el proceso vocacional, la inquietud se fortalecía y la convicción se profundizaba. A la mitad del proceso vocacional conocí la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, y me invitaron a vivir la experiencia con ellos en el noviciado que tienen en la comunidad de Santa Bárbara, en Querétaro. Ahí estuve quince días viviendo como ellos, conociendo su espiritualidad, su vida de oración, su formación humana y cristiana. Debo reconocer que me gustó mucho esa experiencia, pero no abandoné el proceso en el Seminario diocesano, sin embargo, continuaba hablando con mi director espiritual que tenía ahí con los misioneros. Fueron meses realmente de mucho discernimiento, de una verdadera crisis vocacional, pues quería saber donde me quería Dios. Mi convicción estaba presente, la pregunta era, dónde.

Pasaron los meses, y el tiempo para decidir había llegado, todo estaba en escuchar ahora lo que Dios quería, y eso lo sabría interpretar a través de mis superiores. Como hasta la fecha sigo considerando que cuando Dios habla y pide algo a través de la Iglesia, mi Obispo, debo reconocer que es ahí donde me quiere.

Hablando con mi director espiritual, la respuesta fue muy clara: Ingresa donde recibiste el primer llamado. A mí me pareció muy sensato, muy claro y fue así como el 2 de septiembre de 1994 ingresé al Seminario Conciliar de Yucatán. Un año después de la histórica visita de S.S. Juan Pablo II, hoy canonizado.

Como decía al principio de este texto, actualmente soy párroco en la ciudad de Mérida, una parroquia de mucha tradición, situada en una de las primeras colonias de la ciudad muy cerca del centro histórico. Por lo mismo, los fieles son en su mayoría, adultos mayores. Jubilados y pensionados, aproximadamente habitan unas 6,000 personas, pues también es una zona comercial importante.
La pastoral está organizada en centros pastorales, catequesis infantil, equipos de liturgia, de adolescentes, etc. En su mayoría la participación de los fieles laicos es sacramental los fines de semana.

Como mencioné también, durante siete años coordiné la dimensión diocesana y provincial de la pastoral de la salud. Realmente puedo decir que han sido unos años de mucho fruto para mi realización como sacerdote. La Pastoral de la Salud me ha ayudado a entender la dimensión social del ministerio, a velar por la integridad de los fieles de su salud corporal y espiritual, de acercarme a los que más sufren las dolencias de la enfermedad. Uno de los proyectos que mas disfrutamos como equipo, es la implementación de los talleres de duelo con acompañamiento a las personas que han sufrido pérdidas. Realmente es un proyecto que dio grandes resultados, y como un gran fruto, fue la publicación de un libro que se llama, “Cómo duele estar sin ti”, que escribí con uno de los psicólogos del equipo diocesano.
A esto puedo sumarle los cursos que impartimos y talleres presenciales, del perdón, para cuidadores de enfermos, a enfermeras, a los visitadores y acompañantes en las parroquias, etc.

Aprendí mucho de este servicio a Dios en la Iglesia, comprometiéndome a dar todavía más. Es por eso por lo que estoy convencido que este nuevo reto es una consecuencia de este proyecto. La oportunidad que se me brinda de realizar un doctorado en Bioética, con especialización en depresión que lleva al suicidio, es realmente necesario y apasionante, pues aquí en Yucatán, la tasa de suicidio es muy alta, llegando a ocupar los primeros lugares a nivel nacional.
Tengo mucha esperanza que al regresar a mi diócesis pueda implementar todo lo aprendido y estudiado. Al regresar a Yucatán, se podrá constituir un Centro de acompañamiento pastoral para personas en estado depresivo y para familias que hayan vivido la experiencia de un familiar que se haya suicidado.

Agradezco mucho a Dios, a la Iglesia, en la persona de mi arzobispo, que me confía este proyecto, pues es algo que realmente me entusiasma y me invita a dar lo mejor de mí en este nuevo reto.

Pido a Dios su Gracia y la presencia permanente del Espíritu Santo para llevarlo a cabo.

Mérida, Yuc. A los catorce días del mes de junio del año dos mil veinte.


Pbro. Lic. Alejandro de Jesús Álvarez Gallegos

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