Edgar Alejandro Nava Luna

voy enviado por el Señor, que Él me sostendrá y que lo que realizaré ha de ser para su mayor gloria

Edgar Alejandro Nava Luna

Soy Edgar Alejandro Nava Luna, hijo de los señores Edgar Alejandro Nava Ramírez y Ana Laura Luna Ávila y soy el primer hijo de dos que somos.

Nací en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México, el 6 de junio de 1996, sin embargo, mi familia siempre ha radicado en el Estado de México, en el municipio de Atizapán de Zaragoza.

Actualmente tengo dos años de sacerdote y ejerzo mi ministerio en la Pastoral de Adolescentes, Juvenil y Vocacional; residiendo en el CEJUV (Centro Juvenil Vocacional) en el municipio de Tlalnepantla. Esta responsabilidad que me ha sido dada es para poder acompañar a los adolescentes y jóvenes en su proceso de maduración en la vida cristiana y una búsqueda de la vocación, sin duda que estos dos años de servicio han sido de gran crecimiento personal y comunitario. También participo como miembro del equipo formador del Seminario de Tlalnepantla, colaborando en la formación de los futuros sacerdotes.

Descubrir mi vocación no fue sencillo, yo siempre creí que mi vocación estaba en una profesión, desde muy pequeño siempre tuve la convicción de ser maestro, de dar clases y a eso jugaba a ser maestro, sin embargo, es en la etapa de la preparatoria que me empiezo a dar cuenta que debía tomar decisiones responsables sobre mi vida. Mi familia siempre ha estado cerca de la Iglesia, incluso todos los domingos asistíamos a misa juntos, me gustaba ir a retiros, grupos juveniles, etc. Pero nunca pensé en ser sacerdote.

Es cuando tengo 17 años que me invitan a un pre seminario, yo no sabía de qué trataba, pero asistí. Al final de este retiro fue que me entró el deseo de conocer más a Dios y comencé un proceso de acompañamiento vocacional y es entonces que durante un año tuve que discernir si me iba a la universidad o me iba al seminario. Fue un año de asistir cada mes a las instalaciones del seminario de Tlalnepantla y tomar charlas, oración, deporte, películas, etc. Y fue todo este proceso de un año que me fue cautivando para que al final tomara la decisión de ingresar a la comunidad formativa.

Ingresé al seminario el 27 de julio del 2014 y estuve formándome por 10 años. Me ordené sacerdote el 19 de marzo de 2024 y han sido años de mucha felicidad por haber encontrado mi verdadera vocación de servicio y de oración.

La Iglesia ha sido mi gran familia, pues cada vez que celebro la eucaristía, que doy una charla, que administro los sacramentos, siempre ha sido en un ambiente de fraternidad, de ayuda mutua. Siempre se aprende de los demás, solo hay que estar atentos a lo que los demás nos pueden ofrecer y así es la Iglesia una gran comunidad, una gran familia. Mi trabajo en la pastoral es con todos los adolescentes y jóvenes de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, el reto es muy grande, pues los jóvenes se ven atacados por muchas ideologías y vicios, es por eso que al acercarlos a la comunidad es para ayudarles en su relación no solo con Dios sino también con todos los hombres.

La Arquidiócesis de Tlalnepantla, donde fui ordenado y donde ejerzo mi ministerio es muy pluricultural, pues tenemos de todos los ambientes y realidades sociales, desde las colonias que viven en pobreza y también lugares residenciales, sien embargo, nuestra prioridad siempre es ir en busca de los jóvenes que viven problemáticas sociales y que necesitan a cercarse a Dios.

Mi servicio en esta pastoral ha sido de mucho impacto personal pero también para los demás, pues los proyectos que hemos lanzado van en comunión con la Dimensión Episcopal de Pastoral de Adolescentes y Jóvenes en México (DEMPAJ), he participado en las reuniones nacionales para generar vínculos y lazos de comunión con las demás diócesis del país.

Yo espero que esta oportunidad de continuar con mi formación, ahora en Roma, me ayudará a seguir acrecentando el deseo de formarme para servir mejor, especializarme en la teología dogmático-sacramentaria me permite compartir con la Iglesia particular de Tlalnepantla tanto en la enseñanza de los futuros sacerdotes, como de los fieles laicos, el deseo incesante de adquirir la gracia que nos otorgan los sacramentos.

Cuando Don José Antonio Fernández Hurtado, Arzobispo de Tlalnepantla me llamó para enviarme a estudiar, en mi solo hubo dos palabras: obediencia y gratitud. Obediencia porque cuando me ordené sacerdote, prometí ser obediente a la voluntad de Dios por medio de mi Obispo y gratitud porque es una oportunidad que sin duda abre el panorama de la razón y me abre a la posibilidad de seguir conociendo a más personas que también van a Roma a especializarse y estos lazos de amistad que se generan son los que ayudan a vivir la fraternidad sacerdotal.

Ahora solo queda prepararme para esta nueva etapa de mi vida, con muchos sentimientos encontrados por dejar un tiempo a mi familia, amigos y comunidad, pero estoy seguro de que Dios me irá preparando para responder de la mejor manera. Espero que, a mi regreso pueda compartir todo lo que haya vivido y colaborar en los procesos de mi amada Arquidiócesis de Tlalnepantla.

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