Dennis Ismael Díaz Vásquez

voy enviado por el Señor, que Él me sostendrá y que lo que realizaré ha de ser para su mayor gloria

Dennis Ismael Díaz Vásquez

Me llamo Dennis Ismael, soy originario de la comunidad de San Esteban, Tizatlán, en Tlaxcala, México; una comunidad con una población de 6,114 habitantes, la mayoría de los cuales se desempeñan como profesionistas y obreros, por su cercanía con la capital del estado la comunidad posee moderados ingresos económicos, posee además un profundo arraigo cultural por ser una de las comunidades fundantes del estado, lo que le dota de buenos valores humanos.
Soy el menor de dos hijos del matrimonio de Alejandra Vásquez e Ismael Díaz, mi hermana se llama Brenda Itzel; nací el 3 de junio de 1995.
Comencé mi educación en el CENDI N° 3, en Apetatitlán, mi infancia se desarrolló en un ambiente de fe impulsado por mis tías Margarita y Guadalupe (catequistas), quienes inculcaron en mí el amor a Dios y a María (con la oración del rosario).

En 2001 ingresé a la primaria Miguel Hidalgo, ubicada en Apetatitlán. En 2006 en compañía de mi familia participé de la peregrinación diocesana a la Basílica de Guadalupe, de la que guardo un gran recuerdo de los primeros destellos de mi vocación, estando en la ciudad de México, adquirí una imagen de la Virgen María, como recuerdo de mi visita, sin saber de qué advocación se trataba, esa imagen había cautivado mi atención. Tiempo después descubrí que se trataba de Nuestra Señora de la Merced, intercesora de los cautivos y bajo cuya protección se fundó la Orden Mercedaria, al conocer esto nació en mí la inquietud de seguir el camino de Jesús mediante la vida religiosa como lo concebí en un primer momento.
En 2007 continúe mis estudios en la Secundaria Técnica N° 28, en Apetatitlán. En esta etapa de mi vida conocí a quienes fueron grandes guías el p. Ranulfo Méndez y la Hna. Catalina Ramírez m.c.m., ella especialmente abonó la semilla de la vocación y sembró la inquietud de entrar al Seminario Diocesano, en ellos aprendí que para descubrir la voluntad de Dios hay que dejarse acompañar por tantas personas que están dispuestas siempre a ayudarnos a descubrir la voz de Dios.

En 2010 inicié mi educación preparatoria en el COBAT 06, de Contla, cuando cursaba el quinto semestre y después de reflexionar mucho, comuniqué a mis padres mi elección por ingresar al Seminario. Al principio esta decisión no fue muy bien aceptada por mi familia, pues decían que era una locura, considero que esta experiencia fue un paso en mi madurez, pues comenzaba a asumir decisiones trascendentes que redireccionaban mi vida, y aunque quizá no todos comprendían mi opción vocacional, con madurez iba respondiendo a ella.

Posteriormente mi familia comprendió mi llamado y hasta ahora continúan siendo mi mayor red de apoyo, en ellos encuentro fuerza para mi camino, sobre todo en las dificultades, pues están siempre dispuestos a ayudar en mis procesos, son mi lugar seguro con quienes dialogo las grandes decisiones de mi vida, además de su cercanía, pues siempre me han acompañado en mis encomiendas y lugares donde he desarrollado mi ministerio.

Participé en el preseminario y fui aceptado a ingresar en el Seminario con catorce compañeros más al Curso Introductorio, el 4 de agosto de 2013.
En 2014 ingresé a la etapa discipular donde elaboré mi proyecto de investigación filosófica “Crisis Humanista y Educación en Jaques Maritain”. En 2017 inicié la etapa configurativa que me ayudó a ratificar mi opción por Cristo, mis compañeros de formación fueron pieza muy importante para mi crecimiento, pues el convivir con personas distintas, pero unidas por el llamado, me ayudó a madurar mi relación con todos y a descubrir el valor de la fraternidad, pues como hermanos nos acompañamos no solo en buenos momentos, sino también en las crisis y tropiezos de la vida, aún ahora como hermanos en el sacerdocio lo seguimos haciendo.
Como ya he mencionado, desde pequeño profeso una gran devoción a la Virgen de la Merced, así que me interesé por el apostolado con personas privadas de libertad y comencé a visitar centros penitenciarios, apoyando hasta la fecha a la Pastoral Penitenciaria Católica.

Dentro de la etapa configurativa, pude llevar acompañamiento con sacerdotes formados en el Centro Pietro Favre, de Roma, notando un giro completo en el proceso formativo, pues observe en ellos no solo un cambio de pensamiento, sino que poseían grandes herramientas para acompañar, viendo el proceso no solo como un cumplimiento de etapas sino como un verdadero crecimiento humano y espiritual, especialmente lo experimente en la entrevista personal, pues más allá de un dialogo monótono, se notaba un verdadero interés en el proceso. Al concluir esta etapa elaboré mi trabajo de investigación teológica “Vida Contemplativa Femenina en Tlaxcala Sustento para la Formación Sacerdotal”.

Realicé mi año de síntesis pastoral como asistente de mi obispo mons. Julio C. Salcedo Aquino, m.j., durante esta experiencia pude acompañarle en la Visita Pastoral a distintas parroquias de la Diócesis, donde aprendí cosas nuevas, sobre la atención pastoral, así como en el área espiritual y humana, pues pude palpar el sufrimiento y ver en la gente la necesidad de la cercanía de Dios a través de sus pastores.

Al concluir esta experiencia fui enviado como apoyo pastoral a la Parroquia Basílica de Nuestra Señora de la Caridad, Huamantla, Tlax. Recibí por gracia de Dios la ordenación diaconal el 8 de mayo de 2022, en la Catedral, mi experiencia en esta primer Parroquia fue muy gratificante ya que al ser una Basílica con gran afluencia de peregrinos, pude dar mis primeros pasos en el ministerio con una entrañable piedad mariana, nutrida por la misericordia de Dios que ahí se palpaba, por ser un lugar de conversión, perdón y dones recibidos (CELAM, 2007, DA 260).
El 15 de octubre del mismo año recibí la ordenación presbiteral en la Catedral, resuenan siempre en mi corazón las palabras que aquel día mi Obispo dirigió a quienes éramos ordenados “desde ahora ustedes ya no se pertenecen” invitándonos así a vivir la caridad pastoral en la entrega a los hermanos.
En 2023 recibí la encomienda de ser el responsable diocesano de la Pastoral Juvenil, servicio en el que experimente la vitalidad y fe de los jóvenes así como su anhelo de conocer a Dios y compartirlo a los demás.
En 2024 fui nombrado como vicario de la parroquia de San Bernardino de Siena, Contla, Tlax., un lugar de grandes manifestaciones de piedad popular, donde reconocí la necesidad de los fieles, de palpar el rostro de Dios en las diversas situaciones de su vida.

En 2025 fui nombrado como formador del Seminario de Tlaxcala, donde me había formado y donde ahora me desempeñaría como asesor de la etapa discipular, atendiendo a una comunidad de 35 seminaristas cuyas edades oscilan entre los 19 y 33 años de edad, reconocí que esta encomienda implicaba una gran entrega, pero sobre todo una gran empatía y fraternidad por el proceso vocacional de cada seminarista. Al llegar al Seminario pude conocer la realidad de los seminaristas, pues muchos de ellos proceden de familias con dificultades, o arrastran heridas y carencias, mismas que muchas veces no son resueltas o son reducidas al mero aspecto humano, sin vislumbrar su incidencia en el proceso formativo.
Todo esto me ayudó a descubrir la necesidad de un acompañamiento: cercano, constante, humano y realista, donde ante todo la escucha y el dialogo son herramientas fundamentales para los frutos de esta labor. Al recibir esta encomienda fui también designado como encargado diocesano de la Pastoral Vocacional, desde donde he logrado descubrir la riqueza del llamado vocacional, y la necesidad de trabajar por el aumento de las vocaciones, confiando siempre en que el Señor dará “pastores según su corazón” (Jer 3,15).
En mis tres años de ministerio sacerdotal he podido experimentar las necesidades de los fieles en las comunidades, de la Vida Consagrada y al guiar procesos diocesanos de pastoral reconozco la necesidad de preparación y cercanía del sacerdote en estos procesos. Todo esto a confluido ahora en mi labor como formador, pues descubro que en la formación es donde se crea el corazón de un verdadero pastor, que está dispuesto a impregnarse del olor de las ovejas, el contacto con los seminaristas y el conocimiento fraterno de sus realidades personales, me ha llevado a descubrir la necesidad de la profesionalización del procesos formativo, providencialmente mi obispo Mons. Julio César, me ha pedido especializarme en el acompañamiento formativo, especialmente en el centro Pietro Favre, de la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, para así poder guiar de una mejor manera los primeros pasos de quienes se encaminan hacia el sacerdocio.
Debo reconocer que cuando se me comunico esta nueva misión me vi desconcertado sobre todo por considerar que aún me faltaba mucha experiencia en el ministerio sacerdotal, o que incluso no poseía las cualidades para realizar estos estudios, pero he descubierto que dejándose acompañar por tantas personas que me rodean podré cumplir con esta misión tan importante en beneficio de mi Iglesia particular.
Sé que la oportunidad de estudiar en este Centro me brindará al regresar a México, herramientas muy necesarias para acompañar de una mejor manera a quienes son llamados al sacerdocio, pues reconozco que para generar un cambio en las estructuras formativas, se debe comenzar desde los formadores, además considero que estos estudios me permitirán también ayudar en los procesos de más hermanos sacerdotes que puedan necesitarlo, se además que esta experiencia me ayudará a consolidar mi ministerio sacerdotal y me permitirá vivir una mayor entrega en el servicio de llevar libertad a los hombres.

“Libres para liberar”
Pbro. Dennis Ismael Díaz Vásquez

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